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Fotos por el autor

Lugano es uno de esos lugares donde los taxis son Mercedes-Benz, abundan los casinos y la gente camina despreocupada en Dockers color beige y Havaianas mientras fuman cigarros con boquilla. No por nada le llaman “el Montecarlo de Suiza”. En esta ciudad/lago ubicada en la frontera con el norte de Italia, tienes que desenvolver 11 euros para comerte un kebab en la calle y su impoluto orden y limpieza, que bordea la perfección, le ha convertido en destino frecuente de famosos y millonarios que buscan paz y privacidad al alero de la amable frialdad de los helvéticos.

Visitamos el centro cultural anarquista que existe dentro de uno de los municipios más lujosos de Suiza - NoiseyVice Mexico 3

De cómo terminamos en ese paraíso capitalista oliendo a chivo y en una furgoneta que parecía un campamento gitano con ruedas, tuvo más que ver con la obsesión amorosa de un integrante de la banda que con razones profesionales. Eran las primeras escalas del “Paz Gitana European Tour 2015“, de la chilena Paz Quintana, y yo iba en calidad de baterista, chofer y —a veces— psicoterapeuta.

Fueron más de 30 los escenarios que pisamos entre Italia, Francia y España, y si bien nunca llegamos a tocar en Suiza, este impulsivo happening romántico trajo una sorpresa impensada cuando nos obligó a buscar refugio en “Il Molino”, un lugar cuasi mitológico del que Manuela Almonte, nuestra acordeonista italiana, había escuchado hablar.

Sin darle muchas vueltas y sabiendo que era imposible costear alojamiento ahí en pleno pijolandia, dimos vueltas hasta dar con una gran casona destartalada y tapizada de grafitis que te hacía sentir a las puertas del mismísimo infierno: posiblemente el único infierno en todo Lugano.

Todo estaba tan callado que parecía que el lugar había sido abandonado para siempre… Entonces, de un pequeño balcón adornado con escuálidas plantas de marihuana, emergió una figura misteriosa para abrirnos la puerta, presentarnos amablemente a los demás y hacernos un tour por las instalaciones, mientras seres de todas nacionalidades y colores nos observaban con cierto halo de desconfianza.

Grandes espacios, instalaciones que parecían haberse creado solas, miles de posters, flyers, consignas, puertas y pasillos desembocaron en un escenario desprolijamente atractivo que ha dado espacio a un eclecticismo musical que va desde música de jaranas hasta death metal, pasando por reggae, punk, garage, ska y jazz. Con presentaciones como Baglio (Rap for Punx from the asshole of the world), Wadrasound (Fucking Dancehall), Jungle Riot (Basses Slaughter from hell)”, podría nombrar un chinganal de bandas de las que jamás oíste hablar en tu vida; la mayoría lo más under de lo under de lo under de por debajo de la puerta del sótano. Pero si tuviera que destacar algunos diamantes sin pulir —y que jamás debieran ser pulidos—, me quedo definitivamente con Bob Leg III (una especie de Daft Punk blusero de bajo presupuesto, y con canciones como “I want your shit on my leg” o “Clap your tits”), y el sonido ulterior de Lazer Crystal.

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Por una noche fuimos parte del CSOA Il Molino: un centro social ocupado y auto gestionado —no sólo social, sino también político y cultural—, cuya experiencia nació con la okupa del espacio en 1996. ¿Lo más llamativo? En esta toma de posesión participó un colectivo zapatista (Colectivo Zapatista Lugano), que mantiene hasta el día de hoy sus actividades, apoyando desde los Alpes Suizos a las comunidades zapatistas de Chiapas y otros proyectos rebeldes autónomos de México.

Tomamos de sus cervezas, dormimos en cuartos oscuros y sin ventanas donde las camas no tienen nombre, hablamos de hacer algún concierto en su mítico escenario… pero quizás la próxima vez, cuando llegáramos con un mínimo de previo aviso. En contraste con las expresiones rudas y rostros curtidos que abundan en un lugar como este, nos encontramos con gente extremadamente amable, hospitalaria, educada y de una apertura de mente admirable y difícil de comprender para nosotros, que veníamos del culo mismo del mundo, ahí donde la Cordillera de Los Andes se hunde en el mar antes de chocar con la Antártica.

“¡Puta la huevada loca!”, pensé. O tal vez lo dije en voz alta, mientras sacaba fotos de murales, grafitis, esténcils y todo tipo de propaganda alusiva a la causa de los zapatistas. El eco de los cientos de conciertos y cervezas derramadas por un suelo pegajoso me hizo pensar que quizás García Márquez hubiese dado a este espacio la calidad de “súpersurrealismo mágico”, pues estaba parado en un lugar que me hizo sentir parte de una secuela de Mad Max, tal vez rodada en una frontera inexistente entre México y el gabacho. Todo bien postnuclear; todo bien detenido en el tiempo, y sin embargo, todo bien parecido a cómo podría ser el futuro cuando terminemos de hartarnos de los políticos y las grandes corporaciones. Il Molino se presenta tan desordenado y azaroso, que parece meticulosamente planificado.

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Y es que también muy anarquistas serán, pero no olvidemos que estamos en Suiza. Su calendario de actividades estaba bien organizado y la decisión de rechazar las preguntas de mi entrevista pasó rápidamente por una asamblea que toma lugar cada lunes, pues prefieren no participar en medios comerciales y corporativos, en donde las cosas se analizan con cierta superficialidad y sensacionalismo (me declaro un poco culpable). Ellos optan por crear sus propios canales de difusión.

Según una visión subjetiva y bastante superficial del anarquismo, este justamente se caracteriza por la ausencia de estructuras, y de ahí que me parecía irónica su envidiable planificación. Cuando lo expresé en uno de los últimos mails que cruzamos, se encargaron de dejarme algo bien en claro:

“… y otra cosa sobre la cuestión anarquista: la ausencia de estructura no quiere decir no estar organizados. Ver el anarquismo solamente como algo de caos, sin organización, suena bastante reductivo. La ausencia debería ser de autoridades, jefes, dueños, caciques o lo que sea; o sea, la dispersión del poder. La asamblea en sí mismo es una experiencia libertaria donde quien quiera puede tomar la palabra y decir lo que piensa, y en donde las decisiones no se toman por mayoría sino por consenso. Es decir, se sigue discutiendo hasta que se tome una decisión en la cual todos estén más o menos representados.”

¿Te quedó claro, Fernando?

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Foto tomada de Panoramio por el usuario neuroneth

Pues ahí sigue resistiendo “Il Molino”; un centro okupa con las cosas bastante claras. Un espacio donde nos abrieron una inmensa reja metálica sin si quiera preguntar de dónde veníamos o por qué coño estábamos ahí. Un espacio que prefiere mantenerse en la clandestinidad pero que, sin embargo, me desliza que el 17 de Octubre estará la “Feria del Chile Rebelde” por los proyectos mexicanos. Un paraíso libertario que prácticamente se ha convertido en una isla idealista que lucha contra un municipio mega-fresa que monopoliza las actividades culturales y busca clausurarlos a toda costa. No sé por qué, pero de repente me acordé de los irreductibles galos de Astérix… prendiendo de vez en cuando un porrito, a falta de poción mágica.

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